26.5: Creciendo con el viento de mayo

Creciendo con el viento de mayo
Pedro Cuando los últimos suspiros de la primavera nos empujan suavemente hacia los primeros días del verano, en Japón llega el Día del Niño. Cada vez que el viento roza los aleros de las casas, las carpas de colores, "Koinobori" se elevan en el cielo y nadan con calma, como si la propia estación alentara a los niños a crecer con fuerza.
Koinobori
El Día del Niño, es una celebración dedicada a desear la salud y el crecimiento de los niños varones (por cierto, el Día de las Niñas, se celebra el 3 de marzo). Los koinobori simbolizan el deseo de que los pequeños crezcan fuertes y puedan superar cualquier dificultad, avanzando con la misma determinación con la que estas carpas de tela "nadan" en el cielo. Dentro de las casas se exhiben cascos y figuras de guerreros, no como símbolos bélicos, sino como amuletos de protección.
Ningyo
Hoy en día, la festividad se ha ampliado y se celebra como un día para desear la felicidad de todos los niños. Los parques se llenan de familias, y los pequeños miran al cielo siguiendo el movimiento de los koinobori, con la misma luz en los ojos que hace décadas.
bebe
Para los padres, ver crecer a sus hijos día tras día es una alegría incomparable, y a veces, en medio de esa emoción, surge una pregunta silenciosa: "¿Yo también habré crecido así, con esa misma mirada curiosa?
boy
El Día del Niño no es solo una celebración para los más pequeños; también es una invitación para que los adultos recordemos cómo era ser niños. En aquella época, no necesitábamos un motivo para mirar al cielo: bastaba con ver algo moverse con el viento o contemplar cómo cambiaban las nubes. El mundo parecía infinito, y sentíamos que podíamos caminar hasta donde quisiéramos. Con los años, esa sensación queda guardada en algún rincón del pecho, escondida entre responsabilidades y rutinas.
Obrero
Pero cuando vemos un koinobori nadando en el aire, esos recuerdos dormidos vuelven a flotar suavemente, como empujados por la brisa. Su movimiento tranquilo parece decirnos que no hace falta correr, que no hace falta ser perfectos. Por un instante, la libertad y la inocencia de nuestra infancia regresan y se mezclan con quienes somos hoy.
Carpas
Y entonces comprendemos algo sencillo pero profundo: que este día, aunque celebra el crecimiento de los niños, también nos recuerda que los adultos seguimos creciendo; de formas más silenciosas, pero igualmente valiosas. Tal vez los koinobori sean ese hilo delicado que une nuestro pasado con nuestro presente, entregándonos emociones suaves que creíamos olvidadas.
infancia

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